- 23 de jul
Red de apoyo en el posparto
- Madre Libre
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Durante mucho tiempo pensé que mi sensación de soledad se debía a que necesitaba más ayuda de mi familia, de mis amigos o de mi tribu. Pero, poco a poco, me di cuenta de algo que me sorprendió profundamente: hubo muchos momentos en los que estaba rodeada de personas dispuestas a sostenerme y, aun así, seguía sintiéndome sola.
No era que faltaran manos. Había algo más profundo.
La red de sostén es muy importante, sí. Pero muchas veces era yo quien cerraba la puerta al cuidado. Pedía poco. Decía: «Ya puedo yo». Restaba importancia a mi cansancio y elegía proteger a los demás antes que expresar mi necesidad. Estaba dispuesta a sacrificar mi bienestar antes que sentir que molestaba.
Y entonces comprendí que el sostén tiene dos dimensiones.
La primera es externa: la pareja, la familia, las amigas, la comunidad, los profesionales. Es la red de apoyo que tanto necesitamos, especialmente durante la matrescencia.
Pero existe una segunda dimensión de la que se habla mucho menos: la relación que mantenemos con nosotras mismas.
Porque una red puede existir y, sin embargo, si no me doy permiso para descansar, pedir ayuda, recibir o mostrar mi vulnerabilidad, seguiré sintiéndome sola.
Quizá la pregunta no sea solo si tengo una red de sostén. Quizá la pregunta sea: ¿qué hay en mí que me impide apoyarme en ella?
Tal vez aparezca el miedo a ser una carga. El miedo a decepcionar. La necesidad de demostrar que podemos con todo. La necesidad de mantener el control para sentirnos seguras. O la costumbre de ocupar siempre el lugar de quien sostiene a los demás.
Y, mientras tanto, seguimos sosteniendo incluso cuando somos nosotras quienes necesitamos ser sostenidas. Y eso agota. Y eso aísla.
Por todo esto, creo que transformar el cuidado pasa por mirar en ambas direcciones. Sí, necesitamos construir redes de apoyo más humanas. Pero también necesitamos revisar la relación que tenemos con el acto de recibir.
Porque el cuidado comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente quién puede sostenernos y empezamos a preguntarnos:
¿Me permito realmente ser sostenida?
Con cariño:
Raquel Martínez
Doula y acompañante en procesos de cambio.