- 10 de jun
Deseo de ser madre y dificultad para concebir
- Madre Libre
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Siempre he percibido en otras mujeres que el deseo de ser mamá es algo lineal y puro. He conocido madres, o he visto mujeres, que cuentan que cuando decidieron ser mamás, quisieron ser mamás y nunca cambiaron de opinión. Estaban convencidísimas.
Incluso he visto ese deseo romántico en mujeres que siempre han querido ser madres desde pequeñas. Es como esa gente que sabe lo que quiere ser de mayor.
Observar esto me hacía sentir culpable, porque yo nunca lo he vivido así.
Para mí, el deseo de ser madre no ha sido claro ni romántico. Siempre ha estado mezclado con miedo y muchas contradicciones. Y no se despertó en mí hasta mis 37 años de edad.
De hecho, cuando mi marido quería ser papá, yo no quería ser mamá. Y al contrario: cuando yo quería ser mamá, él no quería.
Nuestra búsqueda de embarazo siempre ha sido un poco así, fluctuando entre momentos en los que decíamos: “Sí, venga, vamos a intentarlo”, y otros momentos en los que hablábamos de que no era el momento, de que teníamos proyectos, etc.
Hasta que poco a poco nos dimos cuenta de la dificultad real que había para concebir.
La dificultad para concebir, de alguna manera, nos dio todavía más ganas de intentarlo y de convertirnos en padres.
Al ver que no me quedaba embarazada y que al mismo tiempo se alimentaban más las ganas de ser padres, nos embarcamos en un proceso de fertilidad asistida, e iniciamos una búsqueda “externa” de esa maternidad: análisis, calendarios, vitaminas, tratamientos…
Pero, ¿y si antes de buscar el embarazo fuera, externamente, mediante análisis y procesos, en realidad necesitaba buscar dentro de mí?
¿Y si necesitaba preguntarme a mí misma honestamente?:
“¿Cómo siento realmente la idea de ser madre?” "¿Qué despierta en mí la idea de ser madre?"
Esta pregunta puede remover profundamente.
Identificar el miedo a perder mi libertad, el miedo a que mi relación de pareja cambie o se rompa, miedo a repetir la historia de mi madre o de mi abuela, miedo a la responsabilidad…
Y recordar frases escuchadas en la familia:
“Un hijo es para la madre.”
“Después de ser madre, olvídate de ti.”
“Después de ser mamá, todo es para los hijos.”
Escuchar toda esa voz de miedo pero, al mismo tiempo, también escuchar la voz que me dice con fuerza que quiero ser mamá a pesar de todo.
Esa es la ambivalencia.
Por un lado, conectar con un deseo genuino.
Y por otro, escuchar los miedos.
Al final, conseguí ser madre y sé que comprender mis miedos me ayudó en el proceso.
No quiero decir que los miedos causen infertilidad. Tampoco quiero decir que los miedos justifiquen las dificultades de fertilidad, porque sé que existen factores físicos y médicos.
Pero sí creo que merece la pena explorar el deseo de ser madre honestamente, para que eso que piensas, sientes y haces vaya en la misma dirección.
A veces puede resultar agotador vivir esta ambivalencia.
Por eso merece la pena cuestionarse a sí misma con compasión y comprender que no hace falta vivirlo como una guerra interna. Y tampoco creer en esa imagen idealizada del deseo de ser madre.
El deseo de ser madre cambia, hay contradicciones, conflicto interno y fluctuaciones.
Quizá aquí comienza el camino hacia una Madre Libre:
esa madre que reconoce, escucha y comprende sus emociones para poder elegir desde un lugar más consciente.
Raquel Martínez
Doula y acompañante en procesos de cambio.